jueves, 8 de enero de 2015

NO HAN SIDO SOLO VIDAS HUMANAS

En un día tan triste como el de hoy no faltan quienes acusan de hipócritas a los que nos movilizamos por el salvaje atentado perpetrado por el terrorismo islámico que ha acabado con la vida de 12 personas en París y no lo hacemos ante los continuos atentados que se producen en los propios países musulmanes como Nigeria, Siria, Irak, Pakistán o Afganistán, provocando muchas más muertes.

Si de lo que se trata es de valorar los hechos en términos de vidas humanas, sin duda claro que es lo mismo. Lo mismo vale la vida de un periodista parisino que la de un mercader de Damasco o Mosul, eso no está en discusión. Ocurre que el atentado de hoy no lo ha sido contra 12 seres humanos, o al menos no ha sido solo eso, tampoco ha sido un ataque a Francia, ni al periodismo, ha sido un ataque a la libertad, a la democracia, ha sido un ataque a los valores de la civilización, a la ilustración, al humanismo. Pese a que relativistas y "buenistas" hablen de civilizaciones en plural, no hay más que una Civilización, la que torpemente hemos logrado hacerse reconocer en torno a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Claro que este ataque nos debe movilizar como es lógico que no lo hagan otros porque nos han atacado a NOSOTROS y en nuestra casa, en el corazón de la libertad. Han ido a por nosotros, los demócratas, nosotros los ciudadanos del mundo libre, nosotros los que repudiamos los totalitarismos, nosotros los que respetamos la libertad cultural, religiosa o sexual, la libertad de pensamiento... Del Nosotros al que me refiero no se entra a formar parte sintiéndose miembro de una identidad nacional, política, religiosa, cultural, o histórica.... A este Nosotros pertenece la Civilización y no pertenecen sus patologías.



¿Que hablo desde una superioridad moral occidental y judeocristiana? Pues si, y a mucha honra. Superioridad moral real, objetiva, no relativa, superioridad moral sin cargos de conciencia, superioridad moral natural, no impostada, sin complejos, la que tenemos los que no relativizamos con los principios, los que sabemos, no creemos, estar en lo correcto. Los que duden sobre aspectos morales tan elementales que se marchen a meditar al desierto, las montañas o el bar de la esquina, pero que dejen de jodernos a los que lo tenemos claro; por favor, que desistan de ser el caballo de Troya de la barbarie y el subdesarrollo, que dejen de "cabalgar sobre incoherencias", para hacer política o para convivir con ellos mismos y sus traumas.

¿Acaso no los reconocen? Los que consideran que los dibujantes provocaron a sus verdugos con sus "caricaturas ofensivas" son los mismos que justifican al maltratador, "porque algo habría hecho ella", los mismos que entienden al violador, porque "algo estaría buscando con esa ropa tan ajustada y la provocativa altura de la falda", los mismos que entienden que se cierren medios de comunicación o se encarcelen a los opositores, por su "manifiesta traición a la patria o la revolución", los mismos que justificaban el tiro en la nuca a un Guardia Civil "por ser un enemigo de Euskalerría en el contexto de un conflicto armado"..., son los mismos: los enemigos de la libertad, los enemigos del ser humano, porque la libertad es la naturaleza del ser humano.

Ya sabemos que estos asesinos no representan al Islam, como los etarras no representan a los vascos. Pero es que no deberían de preocuparnos los miles de asesinos fanáticos islamistas, sino los millones de musulmanes que los disculpan o callan, y mucho más nos deberían de preocupar los millones de no musulmanes, religiosos, agnósticos o ateos, que en el mundo occidental consideran y entienden como identidad cultural, como civilización con la que tejer alianzas, a la que respetar, con la que convivir sin intentar cambiar, con la que hacer negocios o "realpolitik", a quienes azotan a los que beben alcohol, consideran a la mujer un ser inferior que no debe conducir, ni reír en público, ni mostrar su pelo, a quienes ablacionan el clítoris a las niñas y las casan con sexagenarios, a quienes ahorcan a los homosexuales o lapidan a las adulteras, a quienes violan y repudian a las violadas, a quienes consideran que un dibujo, un libro, una película o una canción merecen ser censuradas, a quienes no respetan la libertad ni los Derechos Humanos. Esos, no todos, pero si una gran parte, encuentran cobijo bajo la fe del Islam. Aunque el Islam tenga otras muchas caras, algunas ejemplares como el respeto a los ancianos o la hospitalidad, es el Islam el que tiene que diagnosticarse, depurarse, el que tiene que librarse de los que lo anclan a la Edad Media.

Y el resto no podemos quedarnos de brazos cruzados. Estamos en guerra, siempre lo hemos estado. La guerra del mundo libre contra los totalitarismos, sean del tipo que sean, es vieja. Esta guerra nunca cesa, se libra en las escuelas, en las calles, en los programas de televisión, en los parlamentos, en las urnas. No debemos olvidarlo, nos va todo en ello.